domingo, 9 de noviembre de 2014

— Capítulo 5 —

Tenía en mi mano la pistola, estuve a punto de cometer una locura, de haberla hecho ahora no estaría aquí, ni plasmando pensamientos, ni encerrada en un jodido manicomio. Por una parte me arrepiento, pude haber apretado el gatillo contra mi sien, pude haber agarrado fuerte la pistola y apuntarme a morir. Pude, pude morir, pero no lo hice. Solté la pistola, levanté las manos, pero lo último que recuerdo es que al intentar levantarme noté que todo perdía nitidez, que mis ojos se cerraban, perdí la consciencia. Y al caer, debí llevar un gran golpe, y por eso sigo con episodios que no puedo recordar.
Cuando recuperé el sentido estaba en el cuartel de policía, no sé cómo había llegado allí, estaba desorientada. Me dolía la cabeza, me vi y estaba toda llena de sangre, en ese momento no sabía nada, no recordaba nada. Las manos las tenía esposadas, y un joven, policía, me observaba. Había algo en él que me asustaba, y al mismo tiempo me tranquilizaba. Me agarró la rodilla, y me dijo:
— Lo siento, Ruth. Te espera un largo día en comisaría, en el que tendrás que responder muchas preguntas. Yo sólo te haré una, ¿te encuentras bien?— me vio con esos ojos que me empezaban a inspirar confianza. Tardé en responderle.
— No, realmente no me encuentro bien, me duele la cabeza. No sé qué hago aquí… Más que preguntas, necesito yo respuestas. —Estaba algo perdida, me temblaban las piernas, me sudaban las manos. Tenía miedo. Quería ver a mi familia. Recordé que ya no estaba. Se me escaparon unas lágrimas.
— ¿Qué hago aquí? ¿Por qué no me quitan las esposas? Yo no hice nada. ¿Dónde está John?—me observó con cara de preocupación. Alzó la vista y vio por encima de mi hombro, no me quise girar, seguramente estaba cruzando la mirada con el comisario, o algún policía más veterano. Me apretó la rodilla, y me agarró las manos. Me recorrió un escalofrío.
— Lo siento Ruth, yo no puedo ayudarte. No sé quién es John. Sólo tú estabas allí, y al parecer eres la responsable de la muerte de tus padres y de tu hermana. Lo siento.— Necesitaba un abrazo. Rompí a llorar. Me dolieron esas palabras. Aunque ese chico inspiraba confianza. — Voy a intentar encontrar a John, pero te espera un futuro no muy agradable.
— ¿Voy a terminar en la cárcel? Yo no he matado a nadie. Yo no fui. Allí estaba John. ¡HA SIDO ÉL! ¡Cogedlo! ¡Yo no les maté! Quiero ver a mi familia.
El policía joven se fue. Cabizbajo. Pude escuchar como me susurró: -Tranquila, saldrás de esto. Me sé tu historia.-  Y llegó otro, de una edad mayor. Con cara seria. Ya no inspiraba confianza. Asustaba.
— Hijo, tu trabajo no está aquí. ¡Largo! Señorita, venga conmigo. Va a examinarla un médico forense. Le tomaremos sus datos, le haremos una serie de preguntas y conforme a todo eso, ya se decidirá su destino.
No tenía palabras. Decidí  no abrir la boca. Me imaginaba mi destino. La cárcel.
De aquella me equivocaba. Al día siguiente me mandaron para un psiquiatra, no en el que ahora me encuentro, sino en otro más cercano a mi casa. Del que me trasladaron a este.
Aquella tarde, me examinó un forense, y no sé qué pasó. Me dieron un calmante, al parecer estaba muy alterada, solo gritaba el nombre de John y que yo no había hecho nada. En la pistola estaban mis huellas. Podrían haberme encerrado en una cárcel, pero dictaron encerrarme en un manicomio. No sé qué sería mejor, porque al meterme aquí dijeron que no saldría nunca, que no estoy capacitada para salir al exterior.
De esto va a hacer casi un año ya. Deben faltar unos días para mis 21. Ya no sé. No sé a qué día vivo. Sólo sé de estaciones, porque observo cada día la luna, el cielo, el sol. Observo todo, en busca de respuestas.
Siempre quedé con la duda de porqué aquel policía me susurró aquello. De quién sería aquél chico, que asemejaba un par de años más que yo. Intento recordar su nombre que colgaba en la placa que llevaba en el pecho. Pero no logro recordarlo.
Y día a día sigo dando vueltas a todo. A cada detalle que me viene a la mente. Y sigo, y nada.
Al principio solo quería quitarme la vida y ya, fin de tanto problema. De tanta soledad y tristeza. Los médicos estaban muy atentos a mi comportamiento, cada semana me recetaban nuevos medicamentos, para ver si mi conducta mejoraba, para ver si mis ganas de vivir regresaban.
Al principio todo fue complicado. Pero poco a poco, me fui adaptando, quizás sí, quizás las pastillas tuvieron relación. No sé. Solo sé que ahora recuerdo más de lo que imaginaba hace días. Y es que desde que puedo soltarlo todo, todo lo veo más claro. John existe. Y ese policía debía saberlo.
John era el culpable, y no lo encontraron, siempre dijeron que era fruto de mi imaginación, yo cada vez tengo más claro que no.
Yo lo que necesitaba recordar era más atrás, más atrás del suceso, más atrás de la muerte. Más atrás. Quizás a unos dos años atrás. Necesito buscar recuerdos. Sumergirme en ellos. Y encontrar personas que quisieran hacerme daño. O personas a las que pude yo hacer daño sin querer.


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